mardi 30 décembre 2008

Por más que rebusco en mi memoria no alcanzo a comprender cómo salí del vasto salón iluminado. Sé que me encontré abrazado a un farol, mirando hacia la mansión de Lord Elsinor, cuyos bow-windows ardían como un barco en llamas. A través de sus ventanales vigilé el movimiento de los afortunados que aún podían contemplarla: cortados en sesgo, evanescentes: cabezas que se sacudían en el aire mientras los cuerpos desaparecían por los laterales; muñones más que manos. Me alejé. No deseaba toparme con una Priscilla fragmentada.