Bastaba que nos miráramos para saber que estábamos pensando o, mejor dicho, sintiendo lo mismo. Asusta conocer la verdad absoluta. Asusta encontrar inmediatamente las respuestas negativas, a fuerza propia. Asusta proponer. Asusta comenzar, cambiar, abandonar, despedir, extrañar, olvidar. Asusta pensar que acaso las admiraciones más sinceras son las de aquellos que no nos han comprendido.