
Empezaron a llegar los invitados. Yo no me sentía feliz (demostrando, no obstante, lo contrario). Cuando conversaba con una persona, sólo pensaba en pretextos para dejarla. Proponer un tema que interesara al interlocutor me parecía imposible. Si quería recordar algo, no tenía memoria o la tenía demasiado lejos. Ansiosa, fútil, abatida, pasaba de un grupo a otro, deseando que la gente se fuera.