Me he quedado mirando mi biblioteca. ¡Cuántos libros he leído que no volveré a abrir! Es triste. Miro a esos escritores que fueron verdaderos compañeros de camino. Toco los libros como si por tocarlos me fueran a escuchar. Hace tiempo que no puedo leer, ya he olvidado todo aquello que había aprendido; y lo que es más fuerte aún, ya no tengo aquella ansia de saber.