dimanche 18 janvier 2009

-No sé, depende. Si son idiotas y pedantes, quizá.
-No, no -comentó ella con ardor-. Te digo la idiotez pura, sin más ni más.
Martín la miró intrigado.
-No creo. Es como si me diera rabia una piedra.
-¡No es lo mismo! La gallina no es una piedra: se mueve, come, tiene intenciones.
-No sé -comentó Martín, con perplejidad-. No entiendo bien por qué me tendría que dar rabia eso.
Volvieron al silencio, pero quizá imaginando cada uno cosas diferentes. Martín con la impresión de que siempre habría en ella sentimientos e ideas que él jamás alcanzaría a comprender; y ella (pensaba Martín) con cierto desdén. O, lo que era peor, con algún sentimiento que ni siquiera podía él suponer.