dimanche 8 janvier 2012
Al principio a mí no me pareció tan raro que
una mosca volara patas arriba si le daba la gana, porque aunque jamás
había visto semejante comportamiento, la ciencia enseña que eso no es una razón
para rechazar los datos de los sentidos frente a cualquier novedad. Se me
ocurrió que a lo mejor el pobre animalito era tonto o tenía lesionados los
centros de orientación y estabilidad, pero poco me bastó para darme cuenta de
que esa mosca era tan vivaracha y alegre como sus dos compañeras que volaban con
gran ortodoxia patas abajo. Sencillamente esta mosca volaba de espaldas, lo que
entre otras cosas le permitía posarse cómodamente en el cielo raso; de tanto en
tanto se acercaba y se adhería a él sin el menor esfuerzo.