samedi 26 mai 2012
A la hora del gato calculista se asomaban siempre a verlo trabajar porque ese
animal era absolutamente inexplicable, ya dos veces había resuelto una
multiplicación antes de que funcionara el truco de la valeriana. Traveler estaba
estupefacto, y pedía a los íntimos que lo vigilaran. Pero esa noche el
gato estaba hecho un estúpido, apenas si le salían las sumas hasta
veinticinco, era trágico. Fumando en uno de los accesos a la pista, Traveler y
Oliveira decidieron que probablemente el gato necesitaba alimentos fosfatados,
habría que hablarle al Dire. Los dos payasos, que odiaban al gato sin que se
supiera bien por qué, bailaban alrededor del estrado donde el felino se atusaba
los bigotes bajo una luz de mercurio. A la tercera vuelta que dieron entonando
una canción rusa, el gato sacó las uñas y se tiró a la cara del más viejo. Como
de costumbre el público aplaudía locamente el número.