Sos tanto que a veces te me vas de las manos, y no encuentro la forma
de volver a armarte sin destruirte un poco más. Y no puedo, no me sale,
estoy acostumbrada a destruir, a romper, a gastar; hay veces en
que tomo una porción, tal vez la más importante, y la ahogo, la ahogo y
destruyo, la quiero tanto que la abandono. Hay otras en que tomo la porción más
insignificante (o pequeña) y la adorno, y la encierro.
Sos mucho, y no cabés en
mis manos.