Sufrí cosas indescriptibles, sentimientos imposibles de transcribir. Es una razón poderosa para admirar a quien sabe hacerlo. Yo sufro las alucinaciones de los muertos y el salvajismo de los vivos. Padezco por cada sentimiento amputado y cada transgresión consumada. Mis pesadillas me atormentan de día y me torturan de noche.
Resulta incómodo y ridículo. Tantas dudas. Un golpe a la cordura.
Juré guardar el secreto y cumpliré, poniendo en juego mi vida si fuera menester. Sin embargo, a causa de este deber, he descubierto algo bueno en mí, el amor. El amor hacia mis semejantes. No puedo dejarlos en la oscuridad, hoy son mis hermanos. Aunque claro, evidentemente hay tanto en juego. Si yo hablara, si alguien quisiera rodar un reportaje, una entrevista. Por supuesto, en territorio neutral, con las últimas tecnologías en seguridad y unos cuantos hombres armados.
Entonces yo podría dialogar con ustedes. Pero no. Les condenaría a una existencia perturbada, a las fiebres por insomnio, a destapar las verdades en noches como esta, reveladas por gente como yo, para en noches como esta, gente como ustedes o yo, acabemos asesinados en un accidente fortuito. Con la consiguiente confiscación del disco duro de nuestro ordenador.
