jeudi 3 mai 2012

Los antiguos estoicos caracterizaban la actitud del sabio por la indiferencia respecto de lo que no es bueno o virtuoso. La adiáfora producía en el orden afectivo la apatía y la ataraxia. Pirrón proclamaba la indiferencia absoluta como único camino para conseguir la felicidad; esta actitud era derivada de su filosofía teorética que proclamaba también la indiferencia entre dos proposiciones contradictorias y la consiguiente imposibilidad de hallar un criterio de verdad.
En filosofía moral se plantea igualmente la cuestión de la existencia de actos morales indiferentes, esto es, ni buenos ni malos; cuestión que comporta una solución análoga a la de los estados neutros afectivos. Todo momento de la actividad humana pesa en un sentido u otro en la totalidad de la vida del individuo; si nos acerca a nuestra perfección el acto es bueno, si nos aparta de ella, es malo.
En la filosofía de Schelling, la indiferencia es el carácter esencial de lo absoluto; como máxima indeterminación es el origen de todos los seres; es la razón absoluta, principio de la razón subjetiva y de la razón objetiva.
http://es.wikipedia.org/wiki/Indiferencia_(sentimiento)