mardi 12 juin 2012

¿Sabés?, es de madrugada y no tengo ánimo de escribir un ensayo.
Hoy me pensé muerta, últimamente me pienso muerta, y ya no es como antes.
Yo también tiemblo cuando no estás.
En algún momento no tan feliz te miré en un retrato y supe con total certeza que nunca podría dejarte. No puedo dejarte.
De vez en cuando recuerdo alguna primera vez, y sonrío. Siempre admiré a la gente feliz por poco, con poco, a la gente feliz por nada. A mí me prepararon para ello.
No me importa si esto parece no tener sentido: no me importa.
Yo soy, en realidad, ésa que pierde pedacitos de pan por el pasto, que al caminar deja un ligero rastro. Vos no me conocés.
Yo soy de los que piensan en detalles sin mucha significancia, de los que añoran ritos de la niñez todo el tiempo y de los que quieren valorar cada instante.
Tengo miedo todo el tiempo. No me gusta haber llegado a donde llegué, pero extrañamente no cambiaría nada.
Dentro de mi universo hondo, era simple. Yo era simple. Estuve siempre sola.
Recuerdo cuando te dije que pienso mucho en mi mamá, que sufro mucho por ella, es ella la que me tomó tantas veces del brazo, me tomó del brazo cuanta vez quise huir. Es su sencillo amor y su calidez lo que me impulsa a quedarme una y otra vez, es su llanto genuino y profundo el que me inquietó cada vez que me pensé eternamente ausente. Es ella, con su delicada y oportuna simpleza. Me da paz.