Yo creo en la injusticia porque la vi de cerca, vi cómo el esfuerzo no me dio nada desde muy chica. Vi cómo a mis pares el esfuerzo no les dio nada. Vi cómo a otros la nada les dio mucho, y vi cómo me enseñaban a ser nadie.
Me vi a mí misma esforzándome y luchando contra esos fantasmas, me vi sabiéndome perdida. Escuché que lo que hay hoy hay que agradecerlo y que hay que esperar a mañana para ver si lo habrá.
Aprendí a vivir de lo injusto, con el tiempo.
Entendí que no es sano, ni divertido, ni feliz, ni mucho menos que eso... intentar ser quien no se es, tratar de alcanzar aquello que está desde siempre destinado para alguien más, y duele, duele para siempre.